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«Digamos por delante que este inmueble es de otro mundo, un objeto extraño y fascinante, casi metafísico, que aparece de manera sorprendente en el contexto desenfadado de la arquitectura asturiana de los cincuenta. El templo parece una nave industrial, sujeta lateralmente por unos aparatosos contrafuertes de hormigón. Por su lado principal se une mediante un pórtico de tres arcos, que parece extraído de una pintura de De Chirico, a una torre campanario exenta y maciza.»Fernando Nanclares y Nieves RuizEn la obra también destaca los murales y vidrieras del artista Antonio Suárez. |